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Diario de una abuela de varones a distancia 

Hijas mujeres, tres, hijo varón uno. Nietos, seis varones. Dos por cada una de las mujeres. El mayor de once, el menor de cuatro. Dos viven a doscientos metros de mi casa, los otros a doce mil quilómetros.

Por supuesto ante distancias tan dispares, la relación con los mayores, once y casi nueve, es cotidiana y fluída. Cuando eran más chicos, y venían a visitarnos, se entretenían con juguetes que todavía están en esta casa ( viejos playmóbiles sin peluca de sus tías y su madre, un camión duravit de su tío ) o miraban películas de Barney.

A veces se quedan a dormir y hasta hace poco tiempo jugábamos con ellos al truco o a los dados. Ahora vienen provistos de sus tablets y ejecutan sus juegos misteriosos o ven partidos de fútbol por TV, sea quien sea quien juegue. El mayor mira carreras de F1 con su abuelo o de motos Gp; conmigo hablan del campeonato local de fútbol y del colegio.

Con los nietos lejanos la relación es diferente. Cuando eran más chiquitos, hablábamos por Skype y yo les mostraba alguno de los juguetes que conocían. Uno de ellos me pidió una vez que lo pusiera en el ascensor de su casa para poder tenerlo. ¡Tenía dos años! Ahora lo del skype los aburre.

Cuando vienen para las fiestas se sienten a gusto, usan esos viejos juguetes y algunos que traen de la casa de sus primos mayores y que desparraman por toda la casa Les divierte muchísimo ir a la playa, nuestras playas funcionan como clubes, la gente es casi la misma todos los veranos, hay juegos, torneos de fútbol, canchas de paddle, maestras jardineras que se ocupan de las actividades de los más chiquitos.

Los varones, vivan donde vivan, son sencillos .Juegan a la pelota hasta hartarse, le dan a la paleta hasta tener ampollas en las manos para caer rendidos a la noche en el primer lugar plano que encuentran (sofá, cama o el mismo piso).

Y llega el momento de volver para los nietos del otro continente. Algunos lloran , otros se enojan, pero la partida es inevitable. En medio de valijas y bolsos, nos despedimos, nos prometemos vernos pronto. Y se van. Durante días encontramos debajo de los muebles legos, playmóbiles, autitos, papeles con dibujos, lápices y crayones y con una sonrisa los guardamos, aunque es posible que en el próximo verano ya les interesen otras cosas.

Gracias abuela Monica por compartir tus experiencias con OH MY BOYS!

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