Mitos y verdades

El poder de los disfraces

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Un día un niño me dijo que si se ponía una capa podía volar. Dios mío!, pensé. Que no se le ocurra ponerse la capa porque veo que es capaz de saltar desde 2 metros de altura. De verdad cree que puede volar!. Me recordé a mi misma a la edad de este niño y enseguida me tranquilicé. Son cosas de niños. Nadie puede volar a menos que se suba a un avión.

Recordé que me encantaba disfrazarme con la ropa vieja de mi abuela, sus tacones, sus collares y bolsos. A veces hasta cortaba papelitos para hacer de cuenta que era dinero. Jugaba toda la tarde a que era una señora, una mamá que paseaba a su bebé y que casualmente a la hora de la merienda pasaba por “el café”, la cocina de la casa de mi abuela y me sentaba tan contenta esperando que viniera “la camarera”, mi abuela a preguntarme que me gustaría comer. Lo recuerdo con mucha gracia porque sé que me creía el personaje de pies a cabeza, estaba absolutamente convencida que era una señora mamá.

Qué poder tendrán los disfraces en los niños que los hacer creer que realmente son el personaje que están interpretando?. Los disfraces y sus complementos. Que sería Súperman sin su capa roja, Messi sin el número 10 en la camiseta, o  Darth Vader sin su máscara?. Así como para un adulto ponerse un disfraz es sinónimo de hacer el ridículo o parecer gracioso, para un niño ese mismo disfraz puede sumergirlo en un mundo de fantasía y aventura.

Álvaro, ese mismo niño que creía que podía volar con su capa,  recibió como regalo de cumpleaños un arco y una flecha. Hacía tiempo había visto la película de Robin Hood pero al ver el arco no tardó ni medio minuto en gritar que él era ese famoso arquero que robaba a los ricos para ayudar a los pobres. Y así comenzó a disparar flechas y más flechas, escondiéndose detrás de los árboles para ocultarse de sus enemigos imaginarios. Le insistió tanto a su mamá para que le comprara el disfraz que la pobre no tuvo más remedio que hacer realidad su deseo.

Para Martín de 7 años, una camiseta de fútbol puede convertirlo en el jugador mas admirado del campo. Es capaz de jugar solo al futbol siendo él quien chuta un penalti contra la pared de su habitación y ataja el rebote  gritando….”va a patear Messi, patea Messiiiiii, aaaataja Casillas, que paradón de Casillas!!!”… mientras su hermano pequeño lo mira boquiabierto desde la puerta. Además de futbolista es quien comenta la jugada como los que hablan por la tele. Tres personajes y tan solo una camiseta de portero como instrumento motivador.

En cambio, Blas está convencido de que él es un bombero desde que encontró el disfraz de su hermano mayor escondido dentro de una maleta. Fue amor a primera vista. Desde ese mismo momento asegura que de mayor será un bombero rescatador y apagador de incendios. Su madre también tuvo que completar el disfraz con algunos complementos imprescindibles para poder asistir cualquier emergencia. Un extintor, una linterna, un silbato, un megáfono y un hacha de juguete. Y así corre por toda la casa gritando “fuego, fuego”.

Diego, es fanático de Batman. Tanto que él mismo se ocupó de diseñar el cinturón pegando unos pequeños tubitos de ensayo a un fajín negro de su tía Carlota. Estaba tan entusiasmado con su personaje que le pidió a su papá ingeniero que le ayude a construir la nave del famoso y misterioso Bruce Wayne. Cuando me contó cual era su idea para hacer realidad su sueño me quedé sorprendida y perpleja. Consistía, nada mas y nada menos que en hacer una nave con cajas de cartón y hacerla volar con el motor de un avión con mando a distancia, con el dentro por supuesto. Que alucinante pensé, que idea más pura, limpia de miedos y prejuicios.

A veces pienso como será sentir lo mismo que ellos y por un par de horas convertirnos en eso que nos gustaría ser. Es maravilloso observar su inocencia e ilusión sin filtros para imaginar cualquier cosa que se les ocurra. Desde ogros malvados, piratas, deportistas, superhéroes, animales salvajes, robots o simplemente esas profesiones tan admirados por los niños como policía, médico, bombero o astronauta. A veces quisiera detener el tiempo y que sigan así, siendo pequeños sin miedo a vivir la vida del personaje que sueñan ser.

 

 

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